Navegar en la tormenta: la editorial de la memoria 2025

Navegar en la tormenta 

Desde hace aproximadamente dos años, el ritmo y las condiciones de trabajo en nuestra entidad han cambiado de manera notable. Esta percepción no es aislada ni exclusiva nuestra: todo el sector de la ropa de segunda mano y de la economía social está viviendo lo que se conoce como una «tormenta perfecta». Pero para entender hacia dónde nos dirigimos, primero debemos comprender qué está sucediendo en el entorno global. 

Un modelo de consumo desbordado 

En la última década, la producción mundial de ropa se ha duplicado, impulsada por la expansión de la ultra fast-fashion. Este modelo, basado en producir mucho, rápido y a bajo coste, ha generado un volumen de prendas sin precedentes y ha alterado profundamente el equilibrio del mercado de la ropa usada. 

Esta situación nos afecta directamente en dos aspectos esenciales. Por un lado, la ropa que recogemos es cada vez de peor calidad, lo que dificulta su reutilización y reduce su valor de venta en nuestras tiendas. Por otro, esta baja calidad también complica el reciclaje industrial, que requiere materiales más homogéneos y resistentes. 

Saturación del mercado y bloqueo de los canales tradicionales 

El exceso global de ropa usada ha saturado los canales de salida tradicionales, incluidos los mercados de exportación. Esta saturación ha provocado una caída de los precios, mientras que los costes de transporte, clasificación y gestión no han dejado de aumentar. El resultado es un escenario económico mucho más frágil para las entidades que, como la nuestra, trabajan en la recuperación y la reutilización textil.

Una entidad social, no una empresa convencional 

A diferencia de una empresa puramente mercantil, nuestra viabilidad no se mide sólo en términos económicos. Nuestro balance real también incluye el impacto social y ambiental: puestos de trabajo generados, especialmente para personas en situación de vulnerabilidad, y toneladas de residuos textiles que evitamos que no acaben en vertederos o incineradoras. 

En momentos de crisis, este modelo se pone a prueba con más intensidad. Cada prenda que recuperamos es un residuo menos y, al mismo tiempo, una oportunidad laboral. Por ello, incluso en un contexto económico adverso, nuestra prioridad sigue siendo proteger el empleo, especialmente de las personas que tienen más dificultades para acceder al mercado laboral convencional. 

Ser más eficientes sin perder los valores 

La situación actual nos obliga a ser más eficientes que nunca. Las cifras y la realidad del mercado no permiten improvisaciones. Sin embargo, esta misma dificultad nos otorga una cierta autoridad moral para reivindicar una manera diferente de gestionar la crisis: con criterios de justicia social, responsabilidad ambiental y solidaridad. 

La experiencia acumulada durante casi treinta años de trayectoria nos permite detectar espacios de mejora, optimizar procesos y generar ahorros sin renunciar a nuestros principios. Esta madurez organizativa es una de nuestras principales fortalezas en un momento tan complejo. 

Incidencia política y trabajo en red 

Desde las redes del tercer sector y a través de la Cooperativa Roba Amiga, estamos trabajando activamente para influir en el desarrollo de la nueva legislación en materia de residuos. Defendemos que la futura normativa reconozca y priorice el papel de las entidades sociales que, desde hace décadas, gestionamos la ropa usada con criterios de economía circular y de inclusión social. 

Transformar una crisis en una oportunidad 

El reto que tenemos por delante es enorme, pero también claro: debemos demostrar que es posible dar respuesta a las necesidades de nuestro mundo con más economía social y menos cultura de usar y tirar. La crisis del textil pone en evidencia los límites del modelo de consumo actual y abre la puerta a alternativas más sostenibles y justas. 

Continuamos, pues, transformando residuos en oportunidades.

Más que gestionar ropa, trabajamos para construir futuro: futuro en forma de trabajo digno para las personas y de sostenibilidad real para el planeta. Navegar en esta tormenta no es sólo una cuestión de supervivencia organizativa, sino una responsabilidad colectiva hacia el modelo de sociedad que queremos impulsar.  

Josep Maria Fisa, presidente de la Fundació Solidança

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