¿Y si la vulnerabilidad no fuera solo la de otra persona? 

Con motivo del 17 de octubre, Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, proponemos una reflexión: ¿y si la vulnerabilidad no fuera solo un asunto para los demás?  

A menudo hablamos de personas vulnerables, pero la vulnerabilidad no es una etiqueta ni una condición que defina quiénes somos. Es una situación. Y todos nosotros, en algún momento de la vida, podemos encontrarnos en ella.  

Una pérdida de empleo, una separación, una enfermedad, la falta de vivienda, la soledad, una situación migratoria, la discriminación, la edad o la falta de una red de apoyo pueden convertir una situación difícil en una de exclusión.  

La pobreza puede situar a las personas en una situación de vulnerabilidad, que puede agravarse cuando existen barreras e inequidades que dificultan su plena participación en la sociedad. Por lo tanto, combatir la pobreza también implica eliminar los obstáculos que impiden que las personas ejerzan sus derechos y accedan a las mismas oportunidades.  

Por lo tanto, no se trata solo de analizar las dificultades que una persona está experimentando, sino también de preguntarnos qué barreras le impiden avanzar.  

Acompañar significa escuchar, dar herramientas, abrir puertas y generar oportunidades. Y también significa mirar más allá de la situación individual y trabajar para reducir las barreras que generan desigualdad y exclusión.  

En Solidança trabajamos en esta dirección: reducir barreras y generar oportunidades mediante itinerarios de inserción sociolaboral, formación profesional e intermediación laboral. Porque tener un empleo, formarse, adquirir habilidades y recuperar la confianza en uno mismo también son pasos hacia una vida con más autonomía y menos desigualdades.  

Porque las dificultades no deberían separarnos entre un «nosotros» y un «ellos», sino recordarnos que todos podemos necesitar apoyo en algún momento de la vida.  

Erradicar la pobreza no consiste solo en garantizar que a nadie le falte nada. Se trata de garantizar que todos tengan la oportunidad de tener: más derechos, más oportunidades, más autonomía y más capacidad para decidir sobre sus propias vidas.  

Porque una sociedad más justa no es aquella que solo responde a las dificultades cuando aparecen, sino que trabaja para que cada vez menos personas se queden sin oportunidades. 

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